Las herrerías en el sureste de la Comarca de Molina de Aragón

En distintos parajes de los términos municipales de Orea, Checa, Chequilla, Peralejos de las Truchas y posiblemente también en algunos de Alcoroches y Alustante, aparecen esparcidos por el suelo restos de escorias de hierro fundido, testigos de la existencia en estos lugares de antiguas fraguas de este mineral.

Estas fraguas tenían una tecnología tosca y rudimentaria, donde en hornos circulares construidos en medio del monte, por eso se llaman “hornos de monte”, hechos con paredes de piedra y arcilla refractaria, con una pequeña oquedad semienterrada, se disponían alternativamente capas del mineral extraído de los yacimientos de alrededor, triturado lo máximo posible, y carbón vegetal. Se prendía fuego y se iniciaba la combustión, cayendo el óxido de hierro al fondo del horno, hasta quedar reducido a una especie de torta en forma de esponja. Las escorias e impurezas quedaban en la parte superior, lo que permitía arrancarlas con facilidad una vez terminado el proceso y el método directo de reducción del mineral. La mayor parte del hierro obtenido, eliminadas las impurezas, se llevaba a las fraguas donde se revenía la torta férrica, se templaba el hierro y se trabajaba para obtener los diferentes aperos de labranza, armas, rejas y diferentes objetos de este metal.

Horno de monte (Fotografía: Javier Franco, Equipo de arqueología Museo de la Minería del País Vasco.)

Aunque con el tiempo estos pequeños hornos se hicieron más grandes, dotados con orificios y toberas por donde se inyectaba aire a presión desde pequeños fuelles, su técnica no era diferente a la ya utilizada por los romanos y musulmanes, para permanecer así hasta el siglo XV con la introducción de las ferrerías hidráulicas.

La localización de estas pequeñas fraguas de fundición dependía de la existencia de yacimientos cercanos o de la abundancia de frondosos bosques de robles y pinos, que proporcionaban madera suficiente para la elaboración del carbón vegetal.

En Orea, a parte del topónimo Fuente de las Minillas, se han encontrado yacimientos de hierro. Se descubrió una mina en 1599, situada en el cerro del Cabezo Modorro (Caimodorro) y que probablemente no fue utilizada hasta época moderna. La concesión de la explotación de esta mina se dio a Francisco Garcés de Heredia y a Pedro de Eraso1, los mismos que se beneficiaron de la explotación de otras dos minas descubiertas en Checa en 15982. También en Peralejos de las Truchas se concedió la licencia de explotación a Juan Blanco y Martín Vicente de la mina de hierro hallada en 1605 en el paraje los Horcajuelos, en la umbría donde se juntan los arroyos del pozo Zarzoso y el pozo la Forcana3

Cerca de la Fuente de las Minillas (Fotografía: Rodrigo Calvo Pinilla)

La explotación de estos yacimientos muchas veces resultaba costosa y difícil e incluso, era más rentable traer el mineral hacia los bosques de la Sierra del Tremedal desde Sierra Menera por medio de recuas de animales de carga o carros, a través de las rutas mineras existentes desde la antigüedad. Una de estas rutas partía de los yacimientos férricos de Setiles, con destino a la zona del Alto Tajo y cuya principal etapa estaba en el término de Tordellego, inmediatamente al Sur de Setiles, también llamada camino de las Meneras, cuyas principales zonas de tránsito discurrían por los valles fluviales, superponiéndose a otras rutas.4

Para buscar, localizar y explotar un yacimiento minero era necesario el permiso del rey, pues a él pertenecían con la condición de regalías, el cual arrendaba a particulares los derechos de excavación y extracción del mineral, exigiendo el pago de dos tercios del hierro extraído.

En la Baja Edad Media se generaliza otro tipo de ferrería, las llamadas forjas, que utilizaban la energía hidráulica tanto para el movimiento de los martillos como para regular el tiro y así poder controlar la temperatura de fundición. Esta innovación, idéntica a la ya descrita por historiadores en el País Vasco, implica que los centros de producción se trasladen a las orillas de los ríos Tajo, Gallo, Cabrillas y Hoz Seca.5

Ilustración del martinete, curso de mecánica de Delaunay Ch (1868)

Esta nueva tecnología parece estar relacionada con la presencia en la tierra de Molina de numerosos técnicos vascos, los famosos vizcaínos, que eran los encargados de su funcionamiento y construcción, como fue habitual en el resto de Castilla. El horno era de mampostería recubierto de arcilla, con unas aberturas para incrustar la tobera. Los fuelles se construían de madera y pieles, untándolos de abundante grasa para evitar el desgate por los roces. Los martillos eran muy pesados (400 o 500 kilos), aunque también se utilizaban martinetes de menor peso y mayor velocidad para las tareas finales. Todos estos artilugios funcionaban a través de una o varias ruedas hidráulicas y una serie de ejes y cigüeñales que transmitían la energía.

Loa ríos preferidos para instalar estas forjas fueron el Tajo, Cabrillas y Hoz Seca por tener un curso rápido, con pocos núcleos de población en sus riberas y estar poco explotados, pero sobre todo, por los inmensos bosques de su entorno para elaborar el carbón vegetal, indispensable en la fundición, además de la presencia de algunos yacimientos férricos en la zona, aunque seguían abasteciéndose del mineral de Sierra Menera, traído desde aquí por las rutas mineras existentes.

A finales del Siglo XV y comienzos del siglo XVI en el río Tajo existió, en Peralejos de las Truchas, la ferrería del puente del Martinete, por donde discurre la cañada real conquense. En el río Cabrillas estuvo, al menos, la ferrería Nueva de Checa, propiedad de Mari Díaz de Molina y su esposo Juan Garcés de Marcilla, que fue alcaide de Albarracín. Posteriormente esta ferrería fue heredada por sus hijos Juan y Pedro Garcés de Marcilla, que probablemente ya la administraban en vida de su madre6. En Checa también hubo la ferrería Vieja, cuyos dueños eran en esos años Juan Aguilera y Garcés Gil Malo de Setiles7. En este mismo río existieron otras dos ferrerías en Megina, llamadas también Nueva y Vieja, conocida esta última como la del Hondón de Megina, cuyo propietario y constructor fue Pedro Bernal, carnicero de Molina y finalmente, en el río Cabrillas, se construyó otra en Chequilla, propiedad de Pedro Malo y Teresa Ruiz8

En el río Hoz Seca, donde es posible que existieran alguna más sin contar con licencia municipal, estaba en Peralejos de las Truchas la ferrería propiedad de Teresa Espinosa, heredada de su padre o de algún otro pariente. A su muerte la propiedad pasó a sus hijos y hasta la mayoría de edad, el administrador fue su esposo Antón Garcés de Terzaga9,. Aún se pueden observar en el paraje de la Herrería, los restos de los edificios de esta instalación industrial.

Rio Hoz Seca (Fotografía: Rodrigo Calvo Pinilla)

Todos ellos eran señores feudales de Molina o comerciantes enriquecidos, que aportaron los fondos necesarios para la construcción de estas ferrerías hidráulicas. En un principio ellos fueron los principales beneficiados. igual que los concejos, por las rentas, impuestos y tasas que cobraban.

A medida que la explotación del hierro se convierte en una de las actividades industriales más destacadas de la zona, se documentan los abusos cometidos por vecinos en la construcción de nuevas ferrerías, sin contar con la autorización del concejo, lo que ocasiona importantes perjuicios económicos a los pueblos. Así ocurrió a comienzos del siglo XVI en los alrededores de Checa, cuando el licenciado Pedro del Castillo, Pablo Malo y Pedro de Lucas, construyeron una nueva ferrería en contra del Concejo de la aldea, derruida posteriormente. El pleito entre estos personajes y la aldea de Checa estaba todavía pendiente en 1514 en la Chancillería de Valladolid10 .

Normalmente los dueños arrendaban las ferrerías a entendidos en la técnica de la actividad metalúrgica y del labrado del hierro, quienes pagaban una cantidad por el alquiler. los impuestos correspondientes a la monarquía y los derechos de alcabala, aduana y diezmo, Generalmente se alquilaban por un año y la construcción de los edificios corría a cargo de estos técnicos, que posteriormente trabajaban en ellas. Con frecuencia eran de origen vasco, y por citar algunos ejemplos tenemos a Martín de Gocienta, que construyó la ferrería de Chequilla, a Lope de Arría, que trabajó en la ferrería Nueva de Checa, igual que Pedro de Chero y su hijo Martín, acusado en 1509 de quebrantar la cárcel de la Hermandad de este pueblo11 , que trabajaron en los dos ferrerías de Checa y a Mikel de Olabarría de Azpeitia, que explotaba las de Megina y en 1522, Sancho Arrazola de Oñate, junto con su mujer, puso rumbo hacia Checa donde creó una ferrería y a él le siguieron otros muchos vascos, que llegaron hasta aquí para trabajar el hierro.12

Para la actividad del labrado del hierro estaban los oficios de herreros mazaqueros, encargados de manejar los mazos de las ferrerías, los azozas, los hondidores o fundidores y los carboneros, que fabricaban el carbón vegetal necesario para el labrado del hierro. Todos estos oficios eran desempeñados por trabajadores de origen vasco, hecho lógico por ser el territorio donde se producía y labraba la mayor cantidad de hierro y donde mejor se dominaban las técnicas de fundición13.

En un primer momento estas herrerías convivieron con las de monte, aunque estas últimas no pudieron subsistir largo tiempo ante la nueva tecnología. La sustitución no estuvo exenta al principio de problemas sociales, provocados por la concentración de emigrantes vascos en las nuevas zonas metalúrgicas, que arruinaban con sus actividades las herrerías de monte tradicionales y el creciente rechazo de los lugareños, que no aceptaban los cambios económicos ni la cantidad de foráneos que llegaron.

No se conoce con exactitud el número de vizcaínos, nombre genérico con que eran conocidos estos trabajadores que residían en la zona a finales del siglo XV. Sin embargo, la cantidad tuvo que ser importante para el conjunto de la población, escasa y dispersa en este momento, dado que trabajaban, al menos, en siete ferrerías. Estos personajes eran sospechosos de causar algunos disturbios y de practicar el bandolerismo, con el robo de ganado trashumante en la Sierra de Albarracín, lo que nos indica que no serían un grupo reducido para conseguir alterar el orden en el territorio.14

En 1508, el Común de la Tierra de Molina denunciaba la presencia de unos 200 hombres forasteros, casi todos vizcaínos, que vivían en las montañas del Alto Tajo, trabajando las ferrerías y explotando las minas. Además de considerarlos parias, denunciaban que eran pobres de solemnidad y alternaban su trabajo metalúrgico con el robo, la extorsión y su venta como mercenarios a los señores feudales. El corregidor concluía que había que obligar a los dueños y arrendadores de las ferrerías para que no contrataran a ningún vizcaíno ni forastero, sin antes exigirles seguridad en su conducta15

Esta inmigración de trabajadores relacionada con la fundición del hierro explica, en parte, el origen de muchos apellidos de origen vasco que hay en estos pueblos, como Rustarazo, Arrazola, Herranz, Corella, Chavarría, Sorando, etc. y nos ayuda a entender, entre otros factores, el crecimiento de población que experimentan estas aldeas a finales del siglo XV y a lo largo del siglo XVI. Como ejemplos tenemos que Checa, en la averiguación de la Corona de Castilla en tiempos de Carlos V de 1525-1540, tenía 55 vecinos con 247 habitantes16 y en el vecindario de Felipe II de 1591 alcanza ya 103 vecinos con 463 habitantes17 y Orea, en esas mismas fuentes demográficas, pasa de los 12 vecinos y 54 habitantes de 1525-1540 a 72 vecinos y 324 habitantes en 1591.

El metal que se obtenía en estas ferrerías era el hierro labrado y no el colado, con una producción media anual de 2000 quintales en cada una de ellas. Puesto que no más del 50% del mineral extraído se transformaba en hierro labrado, la cantidad del material obtenido en las minas se hallaría, según estos datos, en torno a los 1.600.000 kilógramos, con una media de 25,5 cargas aragonesas de mineral extraídas diariamente de las minas molinesas.18

El hierro trabajado se exportaba hacía Aragón, pero fundamentalmente se aprovechaba en la tierra para la fabricación de aperos de labranza, cuchillos, armas, calderos, herraduras, rejas, etc.. infinidad de objetos que a su vez mantenían y creaban diferentes oficios de herreros, cerrajeros o cuchilleros , entre otros.

A lo largo del siglo XVII estas herrerías siguieron funcionando de forma intermitente, porque eran frecuentes los incendios de sus instalaciones o escaseaba la madera para el carbón vegetal, por la fuerte desforestación sufrida en los bosques de los alrededores y el abandono de ciertos yacimientos mineros por su agotamiento. Sin embargo, durante este siglo, aparecen otras actividades relacionadas con esta metalurgia, como la construcción en Orea, en el reinado de Felipe IV, de una fábrica para la fundición de balas de hierro para la artillería. Así lo relata Diego Sánchez Portocarrero en su Historia del Noble y Muy Leal Señorío de Molina “en este tiempo se hace en Orea un noble edificio para la fábrica y fundición de Artillería y Valas de hierro, que fin y utilissima para esta Monarchia por la comodidad y cercanía de los minerales”19

Felipe IV (Diego Velázquez – National Gallery, Londres)

En las Respuestas Generales al Catastro de Ensenada de 1752 se mantienen las dos herrerías de Checa “hay una fábrica de hierro con un martinete anejo a ella, para el propio ministerio, perteneciente al condado de Clavijo y se haya arrendada a D. Juan Francisco y Piqueras, vecino de Orihuela del reyno de Aragón, en precio de 2200 reales”, dicha herrería sería la Nueva que por herencias matrimoniales llegó de los Ruiz de Molina al conde de Clavijo. “Hay en este término otro martinete para la fábrica de hierro, propio de D. Sebastián García su vecino, que no se trabaja continuamente por falta de agua”20. En el término de Peralejos de las Truchas “se está fabricando una ferrería a distancia legua y media de la población y que es propia de Juan Franco, vecino del lugar de Orihuela, reino de Aragón,  sitiada a orillas del río Hoz Seca”21. Sin embargo, en estas mismas respuestas Generales ya no se citan las herrerías de Megina y Chequilla, porque habían dejado de funcionar.

A finales del siglo XVIII esta tecnología estaba anticuada, pues apenas se habían introducido algún tipo de mejoras y estas herrerías siguieron funcionando algunas décadas más, aunque reduciendo paulatinamente su actividad por falta de mercado y rentabilidad. Ya se ha señalado anteriormente que la herrería Vieja de Checa algunas veces no funcionaba por falta de agua y el cierre antes de 1752 de las dos de Megina y la de Chequilla.

Herrería de los Morencos (Fotografía: Portal Turístico Alto Tajo – https://alto-tajo.com/item/herreria-de-los-morencos/)

Durante el siglo XIX no disponemos de información hasta el 1861, cuando cada año se publican las series estadísticas mineras de España por parte del Instituto Geológico y Minero. Con estas referencias documentales se sabe que en el 1865 “en el partido de Molina existen varias forjas a la catalana, de las que han estado en marcha las de Checa, Torete, Cobeta y Zaorejas, con mayores interrupciones que en otros años a causa de la creciente escasez del combustible que va desapareciendo en las zonas que las circundan, aumentando la completa extinción de aquellos fuegos”.22

Por las citas estadísticas de años posteriores sabemos que las herrerías de Checa se mantienen en actividad en 186623 y aumentan su producción en 1871, pero en 1875 están paradas, como en el año anterior, igual que en 1878 y en 1896. La ferrería del Hoz Seca de Peralejos de las Truchas, funcionaba en 1880 junto con la de Torete24 , pero en el año 1884 “con una mala producción de mena de hierro, la única ferrería en actividad fue la del Hos Seca, que trabajó dos meses, de remanentes de años anteriores o de otras provincias; el hierro obtenido en ella ascendió a 37 toneladas; en el año 1883 se obtuvo en la provincia una producción de 116 toneladas”.25

Instituto Geológico y Minero de España – c/ Ríos Rosas n º 23 de Madrid

En las dos últimas décadas del siglo XIX las herrerías del sureste de la comarca de Molina de Aragón dejan de funcionar por tener una tecnología atrasada que no puede responder al aumento de la demanda de hierro en España desde que en 1856 empiezan a crearse las grandes compañías ferroviarias y la construcción del ferrocarril, a parte de las otras causas que hemos ido señalando anteriormente, como la escasez de madera por el incesante aprovechamiento de los bosques del entorno para la producción de carbón vegetal o el casi agotamiento de los yacimientos de hierro cercanos. Pero el factor definitivo que contribuyó, a nuestro entender, a su hundimiento fue la iniciativa de los empresarios vascos Ramón de la Sota y Eduardo Aznar de exportar desde el 1900 el mineral de hierro de las minas de Ojos Negros y Setiles, a través de un embarcadero construido al efecto en el Puerto de Sagunto.

Mapa geológico de España y Portugal. (Ingeniero de Minas D. Federico de Botella y de Hornos, 1879)

En 1901 Sota decide también construir un ferrocarril desde estas minas hasta el muelle de Sagunto y en el 1902, solicita el trazado del mismo al gobierno de la reina Regente Mª Cristina, que otorga a la Compañia Minera de Sierra Menera la construcción de un ferrocarril económico desde Ojos Negros a Sagunto, Las obras de construcción del trazado viario se iniciaron en 1903 y tras numerosa vicisitudes concluyen en 1907, llegando en este año al embarcadero los primeros quince vagones con 300 toneladas de mineral

Aunque ya se inicio la decadencia de estas antiguas herrerías desde el momento que las fábricas asturianas de Mieres desde el 1852 y de La Felguera desde el 1859 empezaron a trabajar a pleno rendimiento por la abundancia de mena de hierro y hulla en su territorio y el dominio de la siderurgia española por los Altos Hornos de Vizcaya desde el 1902, quien definitivamente cierra para siempre a estas herrerías va ser el traslado del mineral de hierro de Sierra Menera hacia el Mediterráneo, que había sido su zona tradicional de abastecimiento.

Sin embargo, a pesar de estos hechos, no se interrumpió la extracción del mineral de hierro en la zona y así en el 1909 en Checa, Miguel Marco de Madrid tiene registradas a su nombre quince minas de hierro con bastantes hectáreas de ocupación, José Mª Ortega de Cuenca explota la mina de San Alfonso y Pascual y Julián García ambos de Checa, aprovechan las minas de la Madre de Dios y Juanita.26


BIBLIOGRAFIA:

CARRETERO ZAMORA, J.M..La averiguación de la Corona de Castilla (1525-1540). Los buenos vecinos pecheros y el dinero del Reino en tiempos de Carlos V. Consejería de Cultura. Junta Castilla-León. Valladolid, 2008.

CENSO DE CASTILLA. VECINDARIO DE FELIPE II de 1591. INE. Madrid, 1984.

CORTÉS RUIZ, Mª Elena. Articulación jurisdiccional y estructura socioeconómica de la comarca de Molina de Aragón a lo largo de la Baja Edad Media. Tesis doctoral dirigida por la profesora DRA. Mª Concepción Quintanilla Raso. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia. Departamento de Historia Medieval. Madrid, junio de 2000.

CORTÉS RUIZ, Mª Elena. Las ferrerías del río Hoz Seca (señorío de Molina) a finales del siglo

XV. Actas de las I Jornadas sobre Minería y Tecnología en la Edad Media peninsular (León 24-28 de septiembre de 1995). Madrid, 1996, pp. 475-485.

DIEGO HURTADO, Máximo. Relaciones de poder y conflictos políticos en Molina durante el reinado de los Reyes Católicos. Revista Wad-al-Hayara nº 20. Institución Provincial de Cultura Marqués de Santillana. Diputación Provincial de Guadalajara.

ESTADÍSTICA MINERA DE ESPAÑA, Instituto Gelógico y Minero. Ministerio de Economía y Competitividad. Biblioteca IGME. Biblioteca Digital.

GONZÁLEZ CARVAJAL, Tomás. Registro y relación general de minas de la Corona de Castilla. Madrid, Miguel de Burgos, 1832. Edición digital.

NADAL OLLER, Jordi, BERNAU BERENGUER, Josep M. y SUDRIÁ TRIDAY, Carles. Atlas de

la industrialización de España 1750-2000. Editorial Crítica y Fundación BBVA. Barcelona, 2003

RESPUESTAS GENERALES AL CATASTRO DE ENSENADA. Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Portal de Archivos Españoles. Edición digital.

SÁNCHEZ PORTOCARRERO, Diego. Historia del Noble y muy Leal Señorío de Molina. Tomo I, capítulo 12. Biblioteca Nacional.


NOTAS AL PIE:

  1. González Carvajal, Tomás. Registro y relación general de minas de la Corona de Castilla. Madrid, Miguel de Burgos, 1832. Edición digital, pág. 561.
  2. Pág. 268. González Carvajal, Tomás. Obra citada.
  3. Pág. 572. González Carvajal, Tomás. Obra citada.
  4. Pág. 733, Cortés Ruiz, Mª Elena, Articulación jurisdiccional y estructura socioeconómica de la comarca de Molina de Aragón a lo largo de la Baja Edad Media. Tesis doctoral dirigida por la profesora Dra. Mª Concepción Quintanilla Raso. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia. Departamento de Historia Medieval. Madrid, junio del 2000.
  5. Pág. 750. Cortés Ruiz , Mª Elena. Obra citada.
  6. AGS. CONSEJO DE CASTILLA. PROCESOS, PLEITOS Y EXPEDIENTES, leg. 4126, nº 57, fol. 6
  7. Ibidem. Pag. 940, Cortés Ruiz, Mª Elena, Obra citada.
  8. Ibidem  “               “
  9. Ibidem     “              “
  10. AGS. CÁMARA DE CASTILLA. PUEBLOS. Leg. 13, nº 97-99
  11. AGS. CÁMARA DE CASTILLA-PUEBLOS, leg. 13, nº 69-73. Pag. 936. Cartès Ruiz, Mª Elena. Obra citada.
  12. Deia.com. Los blogs de Deia, junio del 2014.
  13. Pág. 934. Cortés Ruiz, Mª Elena. Obra citada.
  14. Pág. 935. Cortés Ruiz Mª Elena. Obra citada.
  15. DIEGO HURTADO, Máximo. Relaciones de poder y conflictos políticos en Molina y su Tierra durante el reinado de los Reyes Católicos. Revista Wad-al-Hayara nº 20. Institución Provincial de Cultura Marqués de Santillana, 1993, Diputación Provincial de Guadalajara, pág. 138.
  16. Carretero Zamora, J.M. La averiguación de la Corona de Castilla (1525-1540). Los buenos vecinos pecheros y el dinero del Reino en tiempos de Carlos V. Consejería de Cultura. Junta de Castilla-León. Valladolid, 2008.
  17. Censo de Castilla. Vecindario de Felipe II de 1591. INE Madrid, 1984.
  18. Pág. 928, Cortés Ruiz, Mª Elena. Obra citada
  19. Folio 54 y 55, Sanchez Portocarrero, Diego. Historia del Noble y Muy Leal Señorío de Molina. Tomo I, capitulo 12. Biblioteca Nacional.
  20. Respuestas Generales al Catastro de Ensenada. Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Portal de Archivos Españoles. Edición digital, imagen nº 21
  21. Pág. 141 de las Respuestas generales al Catastro de Ensenada, Ibidem.
  22. Pág. 67. Estadística minera correspondiente al año 1961, publicada por la Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio. Biblioteca del IGME. Biblioteca Digital. Madrid, 1867.
  23. Pág. 54 de la estadística minera correspondiente al año 1866
  24. Pág. 47 de la estadística minera de España correspondiente al año 1880.
  25. Pág. 96. Estadística Minera de España correspondiente al año 1883. Madrid, 1886.
  26. Pags. 331-335 de la Estadística Minera de España, correspondiente al año 1909- Biblioteca Digital. Biblioteca del IGME.
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