Sefarad es nuestra tierra

Amador López García (Orea, 1955) nos transporta de manera magistral a los siglos XIII y XIV con la novela «Sefarad es mi tierra» (2026, AACHE Ediciones), con el subtítulo «Tiempo de incertidumbres, dudas y llantos», situándonos en un viaje que recorre España de noreste a sur (incluso visitando alguna que otra villa del golfo de León en la actual Francia) contándonos las aventuras, desventuras, aprendizajes y reflexiones del médico judío Moshé Abulafia.

Gran parte de la historia transcurre en la capital de nuestra comarca, en Molina de Aragón, donde se nota que el autor domina con creces sus espacios y sus historias. Y aunque, como buena ficción, tenga que añadir algún que otro hecho no probado o localizaciones creadas, Amador aclara en todo momento con las notas a pie de página y los anexos finales toda la parte verdadera de esta historia.

Otra cualidad del escritor oreano es que transmite, con cada detallada descripción, una fotografía viva de cómo sería la Molina de Aragón de doña Blanca y de los Lara. Y no solo la descripción de los paisajes, sino también de la cruda enfermedad y de su fin: «Los trabajos de la guadaña parecían no tener fin; como si dos manos invisibles manejasen su mango dando mandobles a diestro y siniestro, sin un orden en el campo de las mieses humanas».

Dentro de la historia, el joven físico (término oficial para los médicos en la Edad Media) viaja por todas las latitudes de nuestra piel de toro: Girona, Barcelona, Zaragoza, Molina de Aragón, Córdoba, Granada, pasando incluso un par de veces por nuestro pueblo, Orea, donde el médico hebreo descubre las cristalinas aguas del río Cabrillas y alguna que otra maravilla geológica de nuestro entorno. Esta novela, además de seguir las peripecias de nuestro protagonista —cuyos hechos vividos en la dura Edad Media de nuestra tierra no dejarán indiferente a nadie—, da una magistral lección de la historia de la Medicina. Abarca desde la teoría de los cuatro humores del médico griego Hipócrates, los avances que amplió el romano Galeno, los médicos andalusíes más destacados como Abulcasis, Averroes o Maimónides, hasta los maestros que tiene nuestro protagonista en Montpellier, como Ramon Llull, Arnau de Vilanova, el cirujano Henry de Mondeville o Bernardo de Gordonio, relacionando íntimamente medicina con filosofía y religión.

Otro repaso magistral que nos da Amador es sobre la nutrición y botánica relacionada con la ciencia farmacéutica. A través del protagonista y la boticaria Isabel Pineda, se nos da una auténtica lección de cómo funcionaba la farmacia de los siglos XIII y XIV, dándonos explicaciones de ungüentos, brebajes, edemas y demás métodos usados para curar la enfermedad o paliar sus síntomas.

Para terminar, Amador también nos deja un mensaje muy importante y que ronda durante toda la historia: la importancia del respeto al otro, profese la religión que profese. En la historia se muestran los grandes avances conseguidos por personajes de distintas religiones que conviven en paz. Cuando toda una tierra, sea quien sea quien la habita, va unida en busca del progreso y del bien común, se consiguen grandes cosas. Actualmente, uno mira al exterior y parece que solo ve odio y miedo en la sociedad; quizás tengamos que hacer como el bueno de Moshé y emprender un gran viaje donde descubramos la empatía y el amor de los demás para convencernos de que nuestro progreso y bienestar va ligado a la hermandad de nuestros pueblos.

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