Es fácil caer en la tentación de pensar: «otra novela más sobre la Guerra Civil». Sin embargo, esa sensación desaparece tras las primeras páginas de Bajo el mismo cielo (2026), la última obra de Paco Boya (Les, 1960) publicada por Roca Editorial (Penguin Random House). La novela despliega una polifonía estructural donde los recuerdos de infancia y juventud del autor se entrelazan con una suerte de «nostalgia-ficción», mediante la cual recrea los escenarios vividos por sus progenitores entre 1936 y 1944.
La arquitectura del relato se fragmenta en tres puntos de vista que dialogan y se funden a través de las décadas. La alternancia entre fechas y lugares genera un contrapunto necesario: la tensión y la tristeza de los capítulos dedicados a sus padres chocan con la calidez de los pasajes de la infancia y adolescencia del autor durante los años 60 y 70. Este contraste temporal es un acierto técnico absoluto; aunque los tiempos difieren, el espacio —ese «mismo cielo» que da título a la obra— permanece como el único testigo inmutable.
La visión de Boya sobre la contienda huye de la épica para centrarse en la aleatoriedad del conflicto. La guerra se presenta como un accidente histórico que atrapa al protagonista, obligándole a una supervivencia forzosa. Es una perspectiva profundamente humana sobre la barbarie de la lucha fratricida. Bajo el prisma del autor, en el frente, la humanidad no es la norma, sino un accidente afortunado.
En cuanto a la forma, la prosa destaca por una sencillez adjetivada que huye de lo barroco. Boya imprime un ritmo ágil que solo se detiene para dejar espacio a reflexiones introspectivas que invitan al lector a la pausa, sin romper jamás la fluidez del relato.
Un valor diferencial de la obra es su contextualización en el Valle de Arán. La novela rescata una geografía de alta montaña, de orografía compleja y temperaturas extremas que marcan el carácter de sus habitantes. El paisaje no es solo un decorado; es un ente que provoca escenas casi fantasmagóricas entre sus rocas.
Bajo el mismo cielo culmina como una meditación sobre la reconciliación. Boya nos propone que mirar al pasado no debe ser un ejercicio de exhumación del rencor, sino una búsqueda de paz interior para poder avanzar. En última instancia, es un homenaje al perdón heredado y a la memoria de aquellos que nos precedieron; una historia que merece ser contada y, sobre todo, recordada.
Este es un libro para compartir entre generaciones. Es inevitable verse reflejado en las palabras del autor, sintiéndonos ese niño que escucha, por decimoquinta vez y con una sonrisa renovada, las historias de sus padres. Una pieza indispensable que transforma la nostalgia en un refugio de gratitud.

Guadalajara (1993). De Orea. Alcalde de Orea y Presidente de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra. Graduado en ADE por la Universidad de Alcalá de Henares. Profesor de Economía en Educación Secundaria en la Comunidad Autónoma de Madrid.




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